El arte: ¿Hay un verdadero interés o sólo es motivo de “selfie”?

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Hoy en día parece que las exposiciones de arte tienen éxito: se ha vuelto muy común esperar durante horas en una fila interminable para ver una obra de arte. Claro ejemplo es la exposición “Obsesión infinita” de la artista japonesa Yayoi Kusama, que tuvo lugar en el Museo Tamayo hace algunos meses. La gente llegaba desde las 5 de la mañana y esperaba su turno durante 6 o 8 horas solamente para estar dentro del museo menos de 30 minutos “mirando” la exposición. Y no podemos omitir que los dos últimos días hubo gente que esperó toda la noche a la entrada del museo para ser los primeros al día siguiente.

El viernes pasado, 26 de junio, la exposición sobre Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci abrió sus puertas en el Palacio de Bellas Artes. Los dos primeros días después su inauguración ésta reunió cerca de diez mil visitantes. Como podemos imaginar, es necesario llegar bastante temprano (algunas horas antes de que el museo sea abierto) para conseguir un boleto de acceso, ya que cerca una de la tarde ya se encuentran agotados.

Pero, ¿cuál es la causa de tales fenómenos? ¿El interés por el arte en verdad ha aumentado en los mexicanos? Hace algún tiempo nos quejabamos de la falta de asistencia a los museos, sin embargo, los hechos recientes muestran que eso ya no sucede: ahora la gente va al museo. Pero, ¿a cuál? Hay que hacernos algunas preguntas al respecto: ¿Cuáles museos visita la gente? ¿Qué tipo de exposiciones son las más populares? ¿Cuál es la razón por la que la gente asiste?

A decir verdad, los museos con las exposiciones que tienen mayor promoción son aquellos que reciben un gran número de visitantes. Las exposiciones ya antes mencionadas, ambas tuvieron mucha publicidad en las redes sociales (Facebook, Twitter) y en los medios de comunicación, así que muchas personas pudieron enterarse. Sin embargo, ¿quién habla de otras exposiciones? Al mismo tiempo que estaba “Obsesión infinita” en el Museo Tamayo, el Museo Nacional de Antropología e Historia ofrecía “Códices de México”: una exposición sobre el patrimonio cultural mexicano, la cual era una buena opción para conocer un poco sobre la historia y la cultura del México antiguo. ¿Cuántas personas fueron a verla? Evidentemente un numero menor en comparación con aquel de la otra exposición.

Además, en la ciudad de México hay una gran variedad de museos con exposiciones verdaderamente interesantes pero no todo el mundo lo sabe ni encontramos largas filas en sus entradas. En primer lugar, porque estos museos no tienen la misma publicidad que los de nuestros ejemplos paradigmáticos. En segundo lugar, porque no hay un gusto real generalizado por el arte en nuestra sociedad. Si hubiera un verdadero interés en los mexicanos por las manifestaciones artísticas, muchas más personas visitarían las exposiciones que hay en la ciudad y no solamente cuando se trata de ésas que son “la moda” en las noticias o que han dado mucho de que hablar.

Si le preguntaramos a la gente que esperó durante horas haciendo fila para ver las exposiciones: “Obsesión infinita” y “Miguel Ángel un artista entre dos mundos y Leonardo Da Vinci y la idea de belleza” qué sabe sobre el trabajo de los autores de las obras de arte que vieron, sin duda alguna no sabrían decir mucho. Estoy segura que muchos de los que ya vieron la exposición sobre Miguel Ángel no conocían más que “El David” antes de entrar al museo. Entonces, ¿por qué la euforia como si se tratara de una super estrella del momento?

Me parece que todos los que fueron querían ser parte del espectáculo. El espectáculo que el museo mismo y los medios de comunicación se han encargado de hacer con la ayuda de la publicidad. Y el medio por excelencia, hoy, para decir que se tuvo el placer de estar ahí: la “selfie”. Todo el mundo quería ir a la exposición “Obsesión infinita” para tomarse una “selfie” en la sala con luces de lunares, no por apreciar la obra. Ahora, con la exposición que ofrece el Palacio de Bellas Artes hay que admitir que todos pensaron en ir para tomarse una “selfie” y después publicarla en Facebook o Instagram. Afortunadamente (o mejor dicho, desafortunadamente), esta vez eso no sera posible ya que las fotos están prohibidas en las salas.

Así que hoy el arte en los museos se ha convertido en un objeto para jactarse, ya sea que queramos mostrar que somos intelectuales o amantes del arte, o ya sea que no nos queramos quedar atrás y decir que nosotros también fuimos.

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