Policía; el chivo expiatorio en el movimiento social

Granaderos

Es bastante común -al menos en México- referirse a los elementos del orden público como Puercos. Víctimas de un estigma que las corporaciones de seguridad se han forjado, los policías se han convertido en el “tercer odiado” en los movimientos sociales contemporáneos en México. El puerco se ha convertido en el nuevo chivo expiatorio de la maquinaria política, en búsqueda de evocar la ira colectiva a un lugar más o menos lejano de los verdaderos villanos.

No se confunda, este texto no busca intentar enaltecer a los policías, tampoco busca expiarlos de las culpas que pueda cargar; simplemente busco dejarle entrever que ni todos los policías son malos, ni todos ellos son buenos; generalizar es un error común, pero inaceptable. Si es que alguno ha cometido alguna falta, juzguémoslo como lo que es: un delincuente –incluso puerco si lo desea-. Y si es que alguno se ha comportado con rectitud, llamémoslo como lo merece: policía.

En últimas fechas, el uso excesivo de la fuerza por granaderos contra manifestantes ha sido una constante en las movilizaciones pacíficas; no es justificable, y constituye por sí mismo un atropello flagrante a los derechos humanos. Pero también habrá que plantearse la otredad de aquél que, armado con tolete, casco y escudo, recibe la orden de reprimir sin distingo.

Aquél otro al que me refiero, es claro, el granadero, policía, elemento de seguridad o cualesquiera nombres que este reciba. Sin embargo, no hay que olvidar que detrás de su uniforme, se encuentra un ciudadano más, tal vez con esposa e hijos, tal vez con padres y hermanos, tal vez con seres queridos que también se sienten amenazados por la constante injusticia vivida en México.

Este otro al que la inmensa mayoría nombra puerco es un ciudadano víctima de sus circunstancias. Tal vez su objetivo nunca fue ser policía; tal vez de niño soñaba con ser doctor, tal vez arquitecto, o tal vez tener una pequeña tortillería y vivir bien y en paz. Desafortunadamente, el sistema de exclusión a la educación en México le impidió terminar sus estudios medio superiores o superiores, y este ciudadano se vio forzado a trabajar como policía.

Cuando comenzó a ejercer dentro de cualquiera que sea su corporación policíaca, seguramente tenía metas, objetivos y valores. Tal vez aquellas metas, aquellos objetivos, y aquellos valores se vieron traicionados cuando descubrió que el sistema de justicia en México orilla inevitablemente a la injusticia.

Así, aquél elemento cuya función era velar por el orden público, se vio inmerso dentro de una situación de desesperanza, de resignación, de impotencia, y para no perder su trabajo –del cual tal vez dependa una familia- decidió acatar las órdenes de sus superiores; superiores que muy seguramente pasaron por ese proceso de deformación; y ordenes que implicaban una clara traición a su misión textual –la protección y mantenimiento del orden público-.

En esta continua deformación de las corporaciones de seguridad, el policía dejó de ser un elemento de respeto para convertirse en el puerco, ese ente criticado y linchado mediáticamente en las redes sociales, ese ciudadano ahora irreconocible por su mala praxis social.

Los movimientos sociales que han surgido en México en búsqueda de dignidad y justicia han crecido con una nutrida lista de amigos y enemigos. Entre estos enemigos se encuentran los puercos que son considerados a su parecer como el enemigo inmediato, el enemigo que encararán en cada manifestación, el enemigo que les golpeara sanguinariamente con su tolete, mientras ellos se defienden con un slogan de paz.

Son estos movimientos sociales los que se han dejado segar por el discurso de que el enemigo es el puerco, olvidando así que su enemigo se encuentra en el seno de la injusticia, en el soma de quien ha causado su indignación. El puerco se ha convertido en el chivo expiatorio de los verdaderos enemigos de la lucha social, de la justicia, y de la dignificación.

Si estos movimientos se atreviesen a ver un poco más allá de este –fabricado- enemigo, entenderían que el puerco es un grupo social más que necesita ser re-definido y re-entendido. El puerco debe ser visto como un ser vulnerado por la maquinaria gubernamental. De esta manera, debería generarse un camino de transición entre el puerco hacia lo que debería ser en realidad, es decir, un elemento cuya función sea la preservación del orden público, la protección social y la dignificación de las masas, en resumen, el puerco debe convertirse nuevamente en policía.

Mientras lo anterior no suceda, el puerco será el chivo expiatorio, la cortina de humo donde se esconden con habilidad políticos corruptos, sistemas de injusticia institucionalizados y una impunidad alarmante en el país.

Si queremos cambiar algo, cambiemos también a nuestros enemigos, definámoslos claramente, y dejemos de ver en el otro incomprendido un enemigo donde no lo hay.

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Un comentario

  1. Y no sólo los elementos uniformados que han tenido participación en las protestas sociales de los últimos días sino también los demás que trabajan en las calles, en el metro, centros comerciales, etc. Creo que independientemente de las razones por las que ocupen el puesto que tienen, deberían tomar conciencia y en verdad ser un buen policía. No afirmo que el hecho de que tengan órdenes de golpear y detener a personas inocentes esté lo suficientemente justificado sólo porque deben cumplir con su trabajo.

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